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Orgullo 2020

Trabajo invisible, trabajo indispensable: mujeres, la piedra angular en la crisis del COVID-19

    Tras esta crisis sanitaria, laboral, social y económica de magnitud insospechada no podemos volver al sistema que teníamos que se ha mostrado inoperante, insuficiente e insostenible, tenemos la oportunidad de configurar un modelo social y económico nuevo, donde prime el bien común y la escala de prioridades no la marque el consumo indiscriminado, donde se revaloricen todos estos trabajos y otros muchos que generan un aporte importante a la riqueza y al PIB de nuestro país. Un modelo sostenible con el medio ambiente y un reconocimiento de toda actividad laboral de forma más justa. Un modelo igualitario.

    08/05/2020.
    #MujerIN: Mujer Invisibilizada, mujer indispensable

    #MujerIN: Mujer Invisibilizada, mujer indispensable

    Por Nuria López Marín, secretaria general de CCOO de Andalucía

    Cuídate, cuidaros, cuídalos y todas las derivadas de este concepto son probablemente las palabras más mencionadas en el último mes y medio, como mensaje de afecto, mensaje comercial, educativo, político y por supuesto de salud.

    Y así de repente, la actividad más invisibilizada y una de las menos valoradas en términos salariales, pasa a ocupar la centralidad de todo: de nuestro día a día, de lo que es indispensable para poder seguir adelante. Cuidar a una persona enferma, la casa, la ropa, los niños son esas tareas que se han asignado al rol de mujer y que las madres o abuelas debían hacer con diligencia y para lo cual era vital que dedicaran toda su atención, por lo que no podían trabajar fuera del ámbito doméstico ni de los cuidados de forma retribuida. Sin embargo, no era considerada una labor importante, ni digna de ser valorada económicamente y que relegaba a la mujer a un segundo plano y a la dependencia económica de la pareja.

    No obstante, las tareas de cuidados y reproducción social (aquellas que son necesarias para el correcto desarrollo, por ejemplo, del trabajo remunerado de la pareja fuera del hogar, el aprendizaje de los hijos e hijas, y el desarrollo de la vida en sociedad en general) siempre han sido esenciales y se han desempeñado como trabajo asignado a la esclavitud, y hoy en pleno siglo XXI, algunas ocupaciones del sector de cuidados se han alejado poco de esas condiciones penosas. Es el caso de muchas empleadas de hogar, sin convenio de referencia, despido libre, en condiciones salariales y laborales de semiesclavitud. Son más de 41.000 mujeres las que cotizan por este sistema en Andalucía y para las que venimos demandando desde hace años acabar con las injusticias que supone el ser consideradas trabajadoras de segunda, a pesar de que son agentes imprescindibles para la conciliación de la vida familiar y laboral de sus empleadores y empleadoras (pues la mayor parte de las veces, para que una mujer pueda desarrollar carrera laboral y/o profesional –pues la corresponsabilidad en lo privado sigue sin abrirse camino-, necesita subcontratar las tareas domésticas y de cuidados a otra persona, que por lo general es mujer, en lugar de un reparto más racional del trabajo doméstico entre los miembros de la pareja o familia), que en muchos casos no regularizan a las trabajadoras, por lo que unas cuantas de miles de personas se encuentran sometidas a la en economía irregular.

    Las actividades de cuidados engloban otras muchas ocupaciones igualmente invisibilizadas pero indispensables para frenar la expansión del COVID-19: la limpieza y la higiene que desarrollan miles de mujeres, poniendo en peligro sus vidas, con salarios que en el mejor de los casos giran en torno al SMI. Mantienen desinfectados la entrada de tu bloque, el supermercado, la oficina y son indispensables para mantener desinfectados los hospitales donde a su vez encontramos otro importante grupo de mujeres que están siendo vitales para proteger las vidas de quienes enferman. Las enfermeras, médicas y las auxiliares de enfermería. El personal sanitario está igualmente muy feminizado y ha sufrido los recortes públicos. Pese a eso, se ha volcado en esta pandemia jugándose cada día su vida, con escasos recursos humanos, sanitarios, pero gran profesionalidad.

    Pero en el cuidado de enfermos, otra figura femenina ha desempeñado una labor principal, muy castigadas y en muy malas condiciones laborales: las trabajadoras de las residencias de mayores, que han tenido que afrontar una labor sanitaria con escasos recursos humanos y materiales. Las residencias de mayores acogen a las personas más vulnerables frente al virus, sin embargo ninguna administración ha dado una respuesta adecuada y ellas han enfrentado a cuerpo descubierto una enfermedad que se ha cobrado muchas vidas. La mala gestión de años de la Junta de Andalucía ha contribuido a que estas residencias estuvieran infradotadas de personal.

    Pero, si lamentable es la acción de la administración autonómica en las residencias, peor aún es el de la Agencia de la Dependencia, en el Servicio de Ayuda a domicilio. Las trabajadoras de ayuda a domicilio son el otro gran grupo de mujeres que sin ser sanitarias han hecho una labor ingente de contención y han posibilitado la atención a los colectivos más vulnerables. Los recortes aplicados en la dependencia desde 2012 degradaron las condiciones laborales de estas trabajadoras, que trabajan a destajo de una casa a otra sin que el desplazamiento cuente como jornada laboral. Cada desplazamiento supone un incremento del riesgo para ella y para la persona dependiente, la falta de medidas de prevención y protección que hemos venido denunciando adquiere ahora mayor magnitud.

    Y seguiremos demandando seguridad y protección para la salud porque las trabajadoras queremos un trabajo decente donde ganarnos la vida, no perderla, 20 de cada 1.000 trabajadoras sufrió un accidente laboral en Andalucía en 2018.

    La pandemia, ha centrado las prioridades y ha colocado la salud en el epicentro. Cuidarnos y cuidar ha sido en este último mes y medio la actividad principal de todas y todos. En los hospitales, centros sanitarios, en las residencias de mayores, en las farmacias, en los hogares… Para hacerlo posible necesitábamos quien nos proporcionara lo verdaderamente indispensable: alimentación y productos de higiene, explotaciones agrícolas, ganaderas, industria alimentaria, transporte… todos estos elementos son partes de una cadena esencial para la vida. Al final de ella la reponedora, la cajera, la dependienta del establecimiento donde adquirimos el pan, las frutas, la lejía y el papel higiénico. Detrás de esa mascarilla nuevamente un rostro de mujer, porque el comercio es un sector muy feminizado, respondiendo a la segregación del trabajo determinante. Ellas dejan cada día atrás sus miedos y cuidan de nuestra salud, contribuyendo a que no nos falten los productos básicos de alimentación e higiene, y a pesar de que nos atiendan con amabilidad y diligencia no son las personas trabajadoras mejor pagadas.

    En Andalucía 9 de cada 10 mujeres trabajan en el sector servicios, tanto privado como público y en este último se encuentra otro de los servicios esenciales recogidos en el Real Decreto 10/2020 que cuenta con un índice de feminización bastante elevado los servicios sociales y de protección de las víctimas de violencia de género. Garantizar que nadie se quede atrás es su función, atender a las familias que han sufrido el peor de los azotes de la pandemia, a ellas no solo les ataca el virus, también el riesgo de pobreza.

    Y en lo oculto de los hogares otro peligro acecha a la vida de las mujeres y menores víctimas de violencia de género, por lo que los servicios se deben mantener activos para protegerles.

    En esta crisis el aislamiento ha sido la primera medida y con ella vino el cierre de los colegios y por tanto la indiscutible atención y acompañamiento de los estudios, ambas tareas sabemos que en el 90% de los casos es asumida por las mujeres y en muchos casos compatibilizando con teletrabajo. Las mujeres de Invisibles durante años son indispensables de una u otra forma para enfrentar la crisis sanitaria, la piedra angular de las medidas activadas.

    Tras esta crisis sanitaria, laboral, social y económica de magnitud insospechada no podemos volver al sistema que teníamos que se ha mostrado inoperante, insuficiente e insostenible, tenemos la oportunidad de configurar un modelo social y económico nuevo, donde prime el bien común y la escala de prioridades no la marque el consumo indiscriminado, donde se revaloricen todos estos trabajos y otros muchos que generan un aporte importante a la riqueza y al PIB de nuestro país. Un modelo sostenible con el medio ambiente y un reconocimiento de toda actividad laboral de forma más justa. Un modelo igualitario.



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